En una Pascua marcada de luto, os recuerdo a Fernando De Rosa

Recibimos con alegría este articulo por parte del prof. Giuseppe Aragno, con motivo de las celebraciones del 25 de abril, día de Liberación del fascimo en Italia. Geppino, historiador e investigador  de movimientos sociales y obreros en Italia, estuvo con nosotrxs el año pasado. Podeís leer mas en Italia. R-eXistencias 2013.

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En una Pascua marcada de luto, os recuerdo a Fernando De Rosa

Giuseppe Aragno

http://giuseppearagno.wordpress.com/2014/04/20/per-una-pasqua-segnata-a-lutto-vi-ricordo-fernando-de-rosa/

No felicito a nadie. Esta Pascua se marca de luto. El código Rocco hace estragos de disidentes, y alguien sufre 14 años de cárcel por haber dañado un cajero automático. Es lo que permite, a los tribunales de la República nacida de la Resistencia, el código penal del fascista Rocco, y nadie piensa desterrarlo, mientras que un gobierno sin un mandato electoral y un parlamento elegido con una ley ilegal, hacen pedazos de la Constitución, piensan suspender el derecho de huelga, defienden a la policía que en Roma se ha comportado como una milicia privada del capitalismo, y amenazan a aquellos que no están de acuerdo: “Prohibiremos los eventos en el centro histórico de Roma.”

No felicito a nadie, pero quiero recordar, a los que tienen poca memoria, un hombre, Fernando De Rosa, que hoy podría ser un “terrorista”. Poca gente sabe quién es, pero el 25 de abril, nos guste o no, es también su celebración.

Como muchos jóvenes de su época, Fernando De Rosa era un joven fascista que pronto se desligó de los escuadrones violentos. Como estudiante conoció a hombres como Garosci, Paietta y Geymonat, frecuentó la casa de Gobetti, que murió tras las palizas de los fascistas, y se pasa a los grupos clandestinos. Se mantuvo en contacto con los líderes del antifascismo refugiados en el extranjero, y el régimen de Mussolini comenzó a temerle y perseguirlo. Los policía fascistas pensaban que era un “joven valiente, de gran encanto personal, inteligente pero sin escrúpulos, muy orgulloso, listo para actuar, y todo un aventurero” y señaló a De Rosa como uno de los líderes del Comité de Concentración Antifascista de Turín. Cuando el fascismo le hizo la vida imposible, y él sabía que iba a terminar en la cárcel, como sucede todos los días ahora a nuestros jóvenes, expatrió en Francia. En París, hizo suyas las críticas de Nenni y Pertini a la Concentración, que había decidido no actuar en Italia, y decidió hablar con los hechos en lugar de las palabras.

Regresó, dando la vuelta al país ilegalmente, y trató de entender lo que era la situación política real. Se reunió en varias ciudades con representantes de la disidencia: estudiantes, trabajadores, intelectuales y se convenció de que, en contra de la resignación, se necesitaba un gesto dramático, que devolvería al centro de la opinión pública nacional e internacional el problema de la dictadura. Rosselli fue a acompañarlo al tren que lo llevó a Bruselas, donde el 24 de octubre 1929, en nombre de Matteotti y la libertad de Italia, disparó al príncipe heredero Umberto de Saboya, que llegaba a Bélgica en visita oficial. El intento fracasó, encontró las críticas y preocupaciones de los grupos antifascistas y hasta fue condenado por los comunistas y algunos socialistas, principalmente porque tenían miedo de la reacción del régimen. El juicio se produjo en septiembre de 1930, pero en el banquillo en realidad subía el régimen fascista.

De Rosa fue defendido por Paul Henri Spaak, conocido exponente de la socialdemocracia, y en su favor testificaron hombres como Filippo Turati, Gaetano Salvemini, Francesco Saverio Nitti y una mujer valiente como Marion Rosselli. De Rosa no dudó en reclamar con orgullo sus acciones, diciendo que él “quería matar al príncipe heredero de una casa real que había matado la libertad de una gran nación”. Los jueces del Tribunal belga – y aquí está la primera gran lección que nos viene del pasado – le dieron al mundo un gran ejemplo de civismo legal, reconociendo a De Rosa cada factor atenuante posible. La ley no permitía considerarlo víctima, pero la condena de cinco años, de los cuales solo tres cumplidos, sigue siendo una lección de cultura jurídica para los jueces de hoy en día, que no sienten remordimiento al recurrir a los delitos previstos en el Código Rocco e infligir decenas de años de prisión a un joven que rompe un cajero automático. Hoy los tribunales aplicarían a De Rosa las leyes antiterroristas, exigiendo pruebas de arrepentimiento y denuncias.

En la Bélgica antifascista, el joven salió en 1932 decidido a continuar su camino. Propuso a los socialistas instruir militarmente a los jóvenes para contrarrestar el fascismo, pero no encontró quien lo escuchase. Llegó en Asturias, donde participó en las huelgas de 1934, fue arrestado y los tribunales españoles no se avergonzaron de condenarlo a diecinueve años de prisión. Pronto, sin embargo, con la victoria del Frente Popular, fue puesto en libertad y acogido por el entusiasmo de los trabajadores a los que había dado prueba de lo que significa amar la libertad y luchar por los derechos de la clase trabajadora. En la España revolucionaria organiza militarmente la juventud socialista y consiguió unirla a los jóvenes comunistas en una “Juventud Socialista Unificada”, de la cual nació el batallón “11 de Octubre”. En su cabeza luchó De Rosa en Madrid contra los falangistas, y durante la guerra en defensa de la República contra el golpe de Franco y la agresión nazifascista, él y sus hombres lucharon valientemente. Cayó en la Sierra de Guadarrama y fue despedido por los combatientes y antifascistas de Madrid en una multitudinaria manifestación popular, que dio a su sacrificio el valor de un valioso testamento político y moral. La semilla había sido sembrada, junto con muchas otras en esos dolorosos años. Años más tarde vimos las plantas brotar, cuando muchos jóvenes en Italia, después del armisticio, tomaron las armas y lucharon hasta el levantamiento general de 25 de abril de 1945, que aplastó al fascismo.

Esta Pascua, que cae en un 25 de abril tan oscuro, mientras que las instituciones republicanas son atacadas, la Constitución desterrada y los trabajadores privados de sus derechos, no hay felicitaciones posibles. En cuanto a mí, recuerdo a los jóvenes un coetáneo de un tiempo que no está lejos como parece, y creo que ha llegado el momento de reflexionar sobre los ejemplos que nos vienen del pasado para empezar a pensar en el futuro. La España de ayer, como la Ucrania de hoy entregada a los neo-nazis, Grecia reducida a la servidumbre, los vehículos blindados y la violencia de los antidisturbios en Roma, traen de vuelta a la vida los hombres como Fernando De Rosa e indican el camino ya emprendido por Nenni, Pertini, Longo, Parri, Rosselli: el de los hombres que no se agacharon. Por doloroso que pueda ser, hay que decirlo con serenidad: no es momento para las palabras y no son días para felicitarse. Sólo se puede repetir con Rosselli lo que no es un deseo, sino una certeza sin retórica que tiene raíces profundas en la historia: ” No vamos a ganar en un día, pero vamos a ganar”.

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