Giuseppe Aragno, 17 de abril de 2013

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El próximo 25 de abril, en Madrid, una ciudad movilizada en contra del chantaje de la deuda y la destrucción del sistema social, se celebrará la “fiesta nacional [italiana] de la liberación de todos los fascismos” homenaje a las mujeres y los hombres, italianos e antifascistas, que se vinieron a España para defender la Republica amenazada por Franco. Podremos así reflexionar sobre la lucha antifascista de Resistenza, sobre la actualidad y el valor del 25 de abril [de 1945] en una Europa paradójicamente “unida” pero dividida como no parecía podría volver a ser. Es difícil imaginar en cuantas escuelas y universidades italianas habrá espacio para hacer memoria y cuanta juventud, en el clima político que estamos viviendo, pueda conocer a Rosselli, Pesce o Vincenzo Perrone, matado por franquistas en el Monte Pelado, y puedan volver a saber las razones por las cuales miles de chicos y chicas, en 1936, se marcharon de Italia para luchar en una guerra que no parecía ser algo que pudiese tener a que ver con ellos. Entre presente y pasado se ha producido un “corto circuito” y no hay nada parecido a un rebaño cuanto un pueblo que ignora su historia.

Muchos afirman que “Europa está en crisis”. Sin embargo pocos son capaces de comprender de donde surgen las contradicciones históricas. Hija del “Manifesto” escrito por Spinelli, Rossi e Colorni, internados [en la cárcel fascista] de Ventotene, por lo tanto genéticamente antifascista, la Europa unida, de hecho, ha perdido sus características autenticas, mudando en algo cada vez más cercano a lo opuesto de lo que tenía que ser. Nacida para evitar “la opresión de los extranjeros dominadores”, es un instrumento de opresión de algunas elites sobre las masas populares, excluidas de los procesos de toma de decisión;  concebida como antídoto a las degeneraciones de los ideales de independencia nacional [se convirtió] en el nacionalismo imperialista que dificultaba la libre circulación de mano de obra y mercancías, hasta haber vuelto, con el episodio líbico, al imperialismo. Por lo que concierne la libre circulación, puertas abiertas a las mercancías, sobre todo si especulan sobre la calidad, el coste de la mano de obra y los derechos denegados, pero por lo que concierne a los seres humanos, dentro y fuera de sus fronteras, Europa mortifica las razones mismas de la vida. Desde años una humanidad en sufrimiento paga en primera persona el naufragio del capitalismo que, tras la caída del muro en Berlín, había anunciado la edad del oro y el “fin da la historia”. Mientras los migrantes son rechazados o internados y quienes piden asilo sólo raramente encuentran refugio, en las fronteras de la “tierra prometida”, la hegemonía de los países acreedores sobre los que tienen deuda, dibuja ya un cuadro de real colonización interna.  No siendo suficiente esta grave miseria moral, la Europa unida, en mano de elites que gobiernan sin mandato alguno, desnaturaliza a si misma, adoptando un modelo de “democracia sin participación”  rechazando a Montesquieu. La ruptura se hace más profunda con la inspiración solidaria de la idea federalista, haciendo así de Europa una atroz “zona franca” en la competición  al precio más bajo a conseguir sobre los derechos de los trabajadores, lo han resuelto, en los últimos años, el holocausto mediterráneo y la Grecia, esclavizada a los intereses de los bancos. Un desprecio tan profundo por la vida humana recuerda las reflexiones de Hannah Arendt, en “La banalidad del mal”, y la filosofía de la historia que, entre las dos guerras mundiales, escribió las páginas más oscuras de la historia de Occidente. Detrás del drama que se perfila amenazador, con un horizonte despejado, se intuyen las razones insondables del provecho que anteponen a la humanidad sometida, los intereses parasitarios de aquel capital financiero que vio en el fascismo su natural protección.

En este contexto recuperar la memoria histórica de la dimensión internacional del antifascismo y de la Resistenza, donde sea posible – escuelas, universidad, debate cultural, movimientos de lucha a la globalización de explotación – significa hacer crecer inteligencias criticas y combatir el pensamiento único. Hay un pasaje en el “Manifesto de Ventotene” en donde la experiencia de quienes habían vivido la represión fascista y combatida su batalla por los derechos y la dignidad, parece dirigirse al futuro con mirada penetrante, llegando a ser profético. Es un pasaje que tendría que ser estudiado, afirma que la Europa de los pueblos unidos no verá la luz sin contrastes. Los “privilegiados […] intentaran sutilmente o con violencia apagar la ola de sentimientos y pasiones internacionalistas”. Los antifascistas no tiene dudas: “esos grupos del capitalismo […] que han atado la suerte de sus provechos a aquellas de los estados – escriben con mano firme – “ya desde hoy, perciben que el edificio cruje e intentan salvarse. […] tienen hombres y cuadros hábiles y acostumbrados al mando […], combatirán sin parar para conservar su supremacía. En el momento más difícil sabrán presentarse bien camuflados. Se proclamaran amantes de la paz, de la libertad, del bienestar general de las clases más pobres. Ya en el pasado hemos visto como se han entrometido en los movimientos sociales, y los hemos paralizado, desviado, convertido en el opuesto contrario. Sin duda serán la fuerza más peligrosa con que tendremos que hacer las cuentas”.

Volver al antifascismo y a su larga estación de luchas, llevadas adelante entre incomprensiones, rupturas y  confrontaciones dolorosas, como pasó durante la guerra de España – no significa buscar refugio en el pasado frente a las derrotas del presente, hay que saber retomar la lección que sale de los hechos: el antifascismo europeo tiene un hilo rojo que ata el pasado con el presente y dibuja un camino para el futuro. En España el camino abierto por parte de la juventud que llegó de diferentes países a defender la libertad y los derechos pisoteados, no se ha parado en Guernica, en Barcelona [o en Madrid], a pesar de la violencia de los primeros bombardeos terroristas. Muchos de los combatientes italianos en España se subieron años después a los montes y combatieron la guerra partigiana [en Italia ganaron y se quedaron] testigos olvidados de un episodio que marca indeleble la historia del siglo XX. La guerra de España, escribió Pierre Vilar, “como hecho cultural tuvo un valor universal”. El valor que Carlo Rosselli, un gran antifascista, supo resumir en una frase que parece esculpida en la historia: ”No ganaremos en un día, pero ganaremos”.

Muchas cosas han cambiado pero la Europa en que vivimos parece devolver al desafío de Rosselli el valor de una advertencia, a futura memoria. Es necesario que el hilo de la memoria no se rompa. No acaso Madrid que lucha en la plaza, siente la necesidad de recordar: en la memoria histórica cabe el sentido más profundo del presente.

Giuseppe Aragno (Nápoles, Italia) ha sido alumno de Renzo De Felice, con quien desarrolló actividades para la asignatura de Historia de los partidos políticos en la Universidad de Salerno. Funcionario del Ministerio de Educación Italiano desde 1996, enseño historia en los bachilleratos de las escuelas estatales además de trabajar como experto de la disciplina en el desarrollo de actividades y contenidos para la asignatura de Historia Contemporánea de la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad “Federico II” de Nápoles. Ha dirigido el “Archivo Histórico del Movimiento Obrero” y ha ganado el “Premio Laterza”, con el ensayo Un yacimiento al fondo de la bota. Escuela y cultura en el Sur (Laterza, Roma-Bari, 1997). Se ha ocupado de historia de los movimientos obreros y de antifascismo. Es redactor de la revista “Fuoriregistro” y colabora con periódicos italianos como “Republica” y “El Manifesto”. Tiene su proprio blog giuseppearagno.wordpress.com.

Están son sus últimas publicaciones en italiano: Gaetano Arfè, Scritti di storia e politica, prefacción de Giuseppe Aragno, La Città del Sole, Napoli, 2005;  Dall’irredentismo al Fascismo en Giuseppe Aragno, Fascismo e foibe. Ideologia e pratica della violenza nei Balcani, La Città del Sole, Napoli, 2008; Antifascismo popolare. I volti e le storie, Manifestolibri, Roma, 2009; Antifascismo e potere. Storia di storie, Bastogi, Foggia, 2012.

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