Hoy documentamos la enésima manifestación organizada para protestar en contra de la austeridad economica y la corrupción del gobierno español.

La fecha elegida es simbólica para este país: el 23 de febrero recuerda el intento de golpe de estado del 1981 por parte del teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, junto con algunos oficiales del ejército, que afortunadamente fracasó. Lo que ha fallado es el golpe de estado financiero a expensas de los ciudadanos, puesto en marcha por medio de recortes y austeridad en lugar de tanques. Esta analogía es la razón de la elección de esta fecha.

En comparación con otras manifestaciones de este tipo, centradas en la protesta contra las políticas de austeridad y los rescates de los bancos a costa de los ciudadanos, que ahora se presentan un poco en toda Europa (especialmente en los países más afectados: Grecia, España, Portugal) algunas de las cuales acompañan con cada vez más frecuencias las huelgas generales, se agregó un tema de indignación en adición, es decir, la decadencia de la clase política actualmente en el gobierno, puesta de relieve por el escándalo de corrupción, el robo y la financiación ilegal del Partido Popular. Un escándalo que recuerda la época de nuestro Tangentopolis de hace 20 años, particularmente en la insistencia en negarlo todo y seguir con la insolencia de siempre. Incluso en Italia antes se negó todo, pero en menos de un año se derrumbó el castillo. Tal vez con paciencia va a pasar lo mismo aquí también, aunque carece de una de las condiciones claves — un poder judicial orientado políticamente y dispuesto a encender el fusible del cambio (eventualmente el cambio en Italia estuvo representado por Berlusconi, pero esa es otra historia que espero no se repita aquí). Actualmente en España el poder judicial es en gran parte conservador y vinculado al Opus Dei. Pero en cambio los ciudadanos españoles son más organizados y conscientes de que la fuerza del pueblo puede hacer la diferencia. Vamos a ver, aunque sinceramente, creo que, en este momento de la historia, manifestarse o incluso la huelga apenas podría llevar a algún resultado, si se deja a nivel de cada país. Creo que los ciudadanos de España, organizados en el movimiento, son conscientes de esto. Saben que eventos como este se utilizan para recuperar la unidad, la solidaridad, el espíritu de hermandad, la humanidad, la conciencia de clase, es decir, todo lo que ha destruido el sistema capitalista del siglo XXI a través de la fragmentación del trabajo y de la cohesión social.

La  clase dominantes esto lo sabe muy bien. De hecho, desde que la derecha, que en España todavía tiene muchos lazos ideológicos con el franquismo, gobierna, hay un resurgimiento en la acción represiva de la policía y el intento de criminalizar la protesta. Para nosotros es una película ya vista, desde Nápoles 2001 en adelante pasando obviamente por Genova hasta Roma 2011. El objetivo es aterrorizar a los ciudadanos, evitando la auto organización desde abajo. En Italia esto se logró ampliamente, cómplice toda la clase política. En España la represión es una nueva estrategia, puesto que desde la democracia no se había visto de tal forma, y a muchos sorprende, sobre todo después de que en mayo de 2011 se dio libertad de acamparse en la Puerta del Sol de Madrid y en otras ciudades.

Con el 15-M estalló algo que estaba sin embargo presente, bajo las cenizas de la sociedad española y que sorprendió el Poder. Ahora, este Poder se está reorganizando, pero las Asambleas de barrio, la información “desde abajo”, la defensa de la sanidad y la educación pública, las acciones de solidaridad, la auto organización… todo esto continúa. El movimiento continúa y vive en las entrañas de la ciudad, con características que lo distinguen y que marcan una gran diferencia en la acción y la organización de la ciudadanía con respecto a nuestro país de origen. Partidos políticos y sindicatos apoyan el movimiento, no lo pilotan, no se infiltran en él y no lo organizan. Las masas se mueven sin necesidad de un líder, o una persona que canalice el descontento. Creo que cualquiera que haya visto Piazza s. Giovanni llena por Grillo o por cualquier otra persona que haya logrado abarrotarla en estos últimos años entienda lo que quiero decir.

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